ESCLAVITUD EN EL SIGLO XXI:UNAS LÍNEAS

Unas líneas. ¿Qué son unas líneas para quien en su cuerpo sufre abusos, humillaciones y malos tratos?
Os pido perdón por haber desdeñado vuestros nombres, por no ver más allá de mi historia, por no vindicar vuestra injusticia. Tal vez nos cruzamos de frente e ignoré vuestro pesar, tal vez suplicasteis mi ayuda y sólo al eco escuchasteis. De nuevo os pido perdón.
No quiero limpiar mi conciencia con sólo cuatro palabras, no sois poesía, sino pobres marionetas de la aberración.

Niñas que no juegan a ser niñas, porque son muñecas tiernas que se prostituyen por orden de un mayor.
Mujeres que no alzan la mirada porque se les impone la ley del terror.
Niños que encañonan un arma, porque en tierra de guerra se olvidan los cuentos para hablar de horror.
Gente, escuálidos cadáveres sin fuerza para respirar, condenados al martirio, porque en el ajedrez de la batalla se derrama sangre y se pierden vidas.

¿Alguien recuerda que existe un sentimiento profundo llamado amor? Cómo podría cerrar los ojos y tirar hacia delante en busca de inspiración, mientras en éste, también mi mundo, se pisotea todavía la dignidad de otras personas.
¡Cuántas mujeres, niños y hombres son esclavos del miedo! No importa si son mil o cien mil, si son de aquí o de allá... son seres mancillados, encadenados por los golpes, la guerra, las creencias, la penuria o la ignorancia.
Intento ponerme en vuestra piel y compartir vuestro sufrimiento, pero, poco más es para mí que un juego, pues volteo las páginas y nadie corrompe mi inocencia ni me roba la autoestima.

Cuando alguien paga sin remilgos los servicios de una menor, no demuestra dinero sino depravación. Cuando alguien alquila los favores de un niño, no gana dinero, pierde la razón. Cuando los demás, escandalizados, callamos, nos volvemos cómplices y suena irónica nuestra conmiseración. Mientras nos desentendamos del latrocinio y no pongamos cordura donde se perdió el juicio, todos seremos tan culpables como el asesino.

Otra vez el lenguaje de la fuerza se ceba contra la mujer, es el parapeto de la irascibilidad, de la venganza, del odio, de la impotencia, de la sinrazón... Ellas son madres, hijas o esposas, víctimas de la iracundia y el despotismo. Ellos son padres, hijos, maridos, que someten a esas mujeres como si fueran despojos.
No hace mucho descubrí la existencia de una hermosa palabra: ADAMAR. Ese cortejo a la persona amada, ese ronroneo en el estómago, ese aroma que envuelve el ambiente entre dos enamorados. Esa esencia que desconoce quien fue desposada por voluntad ajena, porque impunemente le privaron de su libertad.
No quiero que sueñe con una eternidad mejor, que plausible se resigne a no tomar decisiones o marcar el paso que le manden, que oprima sus pensamientos por no ofender con sus opiniones u obedezca complaciente las imposiciones. No, no quiero.

Hemos entrado en el siglo XXI aunque nadie diría que no es el medieval. Otra vestimenta, otra armadura, pero siempre doblegados a la voz del poder y entonando un canto de llanto y de dolor. Aún hoy, se masacran poblados sin pestañear, se levantan las armas por no dialogar, se torturan inocentes... Ensañarse con el más débil, malmetiendo contra su fortaleza, sólo vuelve frágil e insegura a su presa, pero nunca engrandece al avasallador.

Unas líneas. ¿Qué son unas líneas para quien en su cuerpo sufre abusos, humillaciones y malos tratos?
© Dolores Rodríguez 2008

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