TENGO MIEDO


Tengo miedo
abrázame
no quiero pensar
sólo quedarme aquí
acurrucada
en la tibieza de la noche
y de tu acompasada
caricia en mi rodilla…

Tengo miedo
no digas nada
¿recuerdas?
la "causalidad”…
ya veremos lo que pasa
y mientras
roza mi pelo y mi mejilla
con tus labios ardientes
paséalos
lado a lado por mi frente
y por mi cara…

Tengo miedo
abrázame
déjame sentirte
muy adentro de mi alma
quédate aquí conmigo
envuélveme la vida
con tu amor y tus palabras
y bésame…bésame despacio
sin urgencias
como si el tiempo
se hubiese detenido
en la curva de mi espalda!



©Blanca O. Chavez. Chicago, IL 2008.

EL GATO, EL PERRO Y EL GRILLO



Un perro y un gato un día
se pusieron a tramar
cuál de los dos haría
un relato singular.
El gato se fue a una esquina
a pensar y meditar
pero viendo que no escribía nada
se puso a jugar.
El perro cogió unos libros
de Becker, Góngora y otros más,
pero como no aprendía nada
frase a la frase, empezó a copiar.
Pasó por allí entonces,
un grillo muy saltarín,
que con su guitarra cantaba
melodías sin fin.
Amigo grillo -se le acercó el gato-
¿alguna de tus canciones
me podrías enseñar?
Soy torpe con las palabras
y a una gata quisiera conquistar.
Las palabras-le dijo el grillo-
son dulces como la miel
si las empleas con cariño
mil tesoros has de lamer.
Soy un gato muy borrico
y lenguaje uso poquito.
-Pues aprende estas dos lecciones
y pronto crearás canciones-.
Pero don gato se puso a jugar
y el consejo no quiso escuchar.

Más abajo estaba don perro
quien se acercó a don grillo
y le dijo:
¡Qué letra tan singular!
¿no la podría yo copiar?
Yo quisiera enamorar
los oídos de mi reina.
¿No podrías tú obsequiarme
con tu cultura y tu arte?

¡Cuánto amor hay en esta aldea!
-pensó para sí don grillo-.
Aprende estas dos lecciones
y saldrán de ti hermosas canciones.
Don perro empezó estudiar
y un poema pudo acabar.

No hay necio
ni tonto ni listo,
sino tesón e inicio.
Pues no hay más inspiración
que la que nace de tu alma.
El resto, amigo,
es constancia,
y mucha dedicación.

© Dolores Rodríguez Huertos, marzo 2009

AMOR INFINITO

Esconde tu tristeza en mi regazo
y mientras te acaricio el pelo,
hunde tu desesperación entre mis brazos.
Llora, desahógate en silencio
y vierte sobre mi alma tus desvelos,
que yo te estoy escuchando
con infinito respeto.
Cuéntamelo todo, amor
y restaña tus heridas en mi cuerpo.
No te juzgaré jamás
así hayas hecho lo peor del universo.
Lléname por dentro del dolor
que atenaza tus momentos,
déjamelo todo a mí, déjame
sufrir por tu infortunio y tus anhelos,
déjame ser cielo de tus ruegos.
Y después, cuando hayas renacido,
cuando veas la claridad de tu sendero,
márchate sin miedo, déjame tan sólo
la humedad de tu recuerdo.
No mires hacia atrás, levanta el vuelo
con tus alas infinitas...
y déjame tus besos en la piel
para amarte, siempre libre de pretextos!

© Blanca O. Chavez