No quiero despeñarme en el vértigo que me acosa
velando a esta contagiosa y agónica enfermedad.

Como latidos de brasa ardiendo en mis sueños,
los poemas se derraman en lugares secretos
doblando las esquinas de mi mente.
Se diluye la esperanza, se cuaja el desespero...

Y los versos endurecen mis venas
flotando, como piedra pómez, en lágrimas suicidas;
arrastrándome de nuevo a depositar algunas letras
en páginas inmaculadas.

Haré un nudo en mi memoria que me dé firmeza
antes de escribir mi testamento.
Y me marcharé de aquí convertida en tierra nueva
hacia otra inclemencia que no sea la suya.

Poema recogido en libro LA POESÍA ES UNA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR de Inma Arrabal
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1 comentario :

Sílice dijo...

Gracias, Dolores, Por poner aquí mi poema. Te mando un abrazo.