DANIEL

Y el niño le daba la mano
Un niño menudo para tener casi ocho años,
Profundos ojos azules que dominaban su rostro,
Cuando le explicaba novedades,
    ese divertido perrito
    esa bonita piedra,
Y las pecas en su cara,
Nadie vio un amanecer más perfecto,
    para ella,
Ella huele tan vívidamente la fragancia de
    su pelo,
    sus orejas,
    su aliento de mañana
Ella vívidamente escucha ese pequeño latido,
    que era suyo
    siempre suyo,
    y la risa,
    esa pequeña risa rasposa,
    cuando él la pilló en un acertijo.
Todo esto,
Pero esto es simplemente la superficie,
Mientras mira a su pequeño Dios rapado,
    y desnudo,
Listo para la cámara de gas.

Poesía de Laura Crist

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