CUANDO NADA IMPORTE



Hoy me imagino palpitando al viento,
caída hoja de roble,
dejándome llevar por el destino
cuando nada me importe...

Atravieso pantanos de tristeza,
hundo mis remos pobres
en la espesa corriente, casi eterna,
de lágrimas enormes.

Todo lo hermosos es frágil. Y se acaba
como se dice un nombre...
Sin darnos cuenta, nada más tenemos
que cenizas o fósiles.

El mundo con sus vanos oropeles,
las arenas innobles
donde naufragan presas nuestras vidas...
¡Cuán necio y ciego norte!

Yo sólo aspiro a cultivar mi huerto,
el jardín multiforme
arraigado en mi alma, con sus pájaros
divinos y sus flores.

Si converso es conmigo. Lo que pongo
por escrito o en moldes
al propio corazón me lo dirijo,
señero faro incólume.

Busco la sencillez y cada aurora
sentir el puro goce
de resurgir bañado en el rocío,
como un humilde brote.

Discurro, acaso, que si así despierta
cualquier ser en el orbe
será posible que el fatal ariete
no derribe mis torres.


¿Me equivoco? No creo... Porque oigo,
interminables noches,
la voz del Padre Eterno, arrebatando
a mi espíritu cómplice...

Y me imagino, desprendida y seca,
mi sola hoja de roble,
que en su barca de brisa se deshace
cuando ya nada importe.

Poesía de Rafael Simarro Sánchez del libro CUANDO NADA IMPORTE.

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