MELANCOLÍA

Sin preguntar, el aposento umbrío
dorada mano invade
y hace brillar, con un barniz de espigas,
a los muebles unánimes.

El puro atardecer pulsa sus teclas,
cual órgano en un ábside,
de música interior llenando siempre
sonoras catedrales.

Se escucha al mirlo... Solitaria flecha,
sube al espacio en sangre
su voz, que anuncia ya la primavera
de efímeros rosales.

Los ancianos del pueblo en las esquinas
sostienen su debate
y escriben con recuerdos una carta
que no contesta nadie.

Las negras trenzas que al placer invitan
descienden por las calles...
Tocándolas con los besos imposibles
tiende el amor su encaje.

Aguados restos de pasadas fiestas
disuelven ecos, bailes.
Entre ellos, magros pensamientos vagan
sobre ninguna parte.

La pena, si hace horas extramuros
respetaba sus márgenes,
se asoma ya por las terrosas tapias,
rompe los arrabales.

Bajo el cerezo, que anteayer colmaban
sueños, natas, estambres,
yacen las flores secas, en alfombra
silenciosa y exangüe.


Con salobre amargura se desploman
las pestañas del aire.
Porque las cosas bellas de este mundo
son breves o falaces...

Poesía de Rafael Simarro Sánchez del libro CUANDO NADA IMPORTE.

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