¿A QUIÉN COÑO SE LE OCURRIÓ PONERLE MI NOMBRE A UNA GALLETA?

Regálame un silencio que dure exactamente
el tiempo que tardas en inundarte de mis ojos.

Deja que se me vayan las musas,
no me importa,
voy a darles vacaciones indefinidas,
que vuelvan cuando quieran,
o cuando me echen de menos.

A veces no las necesito,
supongo que ya te has dado cuenta.
Para quedarme callada mirándome en tus ojos,
prefiero que estemos a solas,
sin que nadie nos moleste.

Y mucho menos el tiempo,
que sigue latiendo dentro del reloj
que nunca llevo atado a la muñeca.

Nunca pensé que pudiera vivir
sin un tictac pegado a las arterias de mi alma,
pero contigo el tiempo ni existe ni suena.
Pasa, sí,
eso no podemos evitarlo,
pero yo no lo oigo, ni me importa.
Podría pasarme las noches en vela,
mezclando palabras, humo y ron,
tan solo acompañada del sonido de la madrugada plateada.

Deja que se vayan,
de verdad que no me importa.

Quedan escalones por subir, muchos,
pero no me da miedo subir alguno sola,
sin ellas,
sabes? tú estás,
y con eso me parece más que suficiente.
Atrapas mis dedos entre los tuyos y tiras de mí,
volcando palabras en desorden dentro de mi alma,
ya voy,
a ponerlas sobre la mesa,
como las cartas, y a ordenarlas.

No me guardo un as bajo la manga,
muestro lo que soy, ni más ni menos.
Me dejé la primera capa de piel
arrancada a tiras por el camino,
esa que sirve de disfraz
y de coraza a las serpientes.

Tengo los poros manchados de tinta y de versos sinceros.
La mentira me la guardo para lo que no me importa,
es decir, poco, muy poco.
Y mucho menos, me la guardaría para ti.

Lo que tú te mereces de mí no tiene nombre exacto,
ni sé siquiera cuánto puede pesar, no hay cifra,
no se me dan muy bien los números, ya lo sabes.

A veces no se me dan bien ni las palabras.

Quizá soy de gestos, y por eso,
hay luces que se me esconden en el alma hasta que puedas verme.

Si se me escapan gotas de sal, y a la vez,
la luna menguante se me clava en los labios,
aún hay esperanza.
Eso casi nunca se me queda en el camino.

A veces ando despacio y sigilosa,
para que nadie me oiga,
otras, salgo corriendo como la loca que soy,
y pocos pueden alcanzarme.

También me voy a solas,
a buscarme y no encontrarme durante días,
a enumerarme los defectos en una hoja de papel,
a romperla en trocitos y tragármelos sin masticar,
uno a uno.

Otras, me encuentro en los sitios más inesperados,
como en un plato de mi comida preferida,
un gato negro esperándome al fondo de la calle
o un verso.

Entonces es cuando soy yo,
con las mayúsculas empujando por brotarme de la tierra bajo mis pies.
Si me encuentras, así, sin buscarme,
sólo hazme un favor,
no me dejes marchar.

Poesía recogida en el blog CAÓTICA Y EL CAOS

2 comentarios :

pecadocapital79 dijo...

No podias haber elegido mejor poeta y seguramente ni mejor poema.

Muy generoso por tu parte.

Saludos.

Dolores dijo...

Hola Ernesto,
muchas gracias por tus palabras pero el agradecimiento es mío con caótica al compartir en este rincón todo su arte.
Por cierto, aprovecho para pedirle permiso para incluir también algunas de tus poesías, las que tú quieras y me digas, aquéllas que te parezcan más representativas.
Quisiera que este rincón fuera el de todos los que disfrutan escribiendo o leyendo poesía.
un saludo