A VECES

Hubo un día que conocí a un tipo del que aprendí,
a veces.
Era oscuro, extraño, solitario,
quizá porque no le quería ni su propia compañía.
Hasta la sombra en la noche le esquivaba;
pero no sufría, se le había olvidado,
ya no sabía hacerlo…

Comentaba que un día
con causa pero sin motivo se olvidó…
Se olvidó quién era,
como si fuera el resultado
de un fallido ensayo del tiempo.
No era feliz, tampoco era desgraciado, no.
Simplemente “No Era”, no era “Nada ni nadie”.
y por eso abusaba de la vida.

Siempre decía que no la cuidaba porque no le pertenecía…
Yo le entendía, a veces…
Recuerdo que un día sonrió,
nunca supe por qué,
sólo sonrió. Sólo una vez.

Creo que lo quise, a veces…
Un día compartíamos un pequeño asiento
de cuero negro y un volante.
Quizá el timón de la vida.
Él giraba hacia un lado, yo le seguía, a veces;
pero en el último momento giré al otro lado
y el volante partió.
El cielo se nos vino encima.
Él murió. Yo también, creo, a veces.

Recuerdo que estaba inerte, en paz
y que su rostro dibujaba una sonrisa.
¡Qué ironía muerto sonreía!
Nadie le lloró, nadie le echó de menos.
Yo si lo lloré, yo le sigo llorando,
yo le echo de menos, a veces…
Yo me cambiaría por él, a veces.

Poema extraído del libro DIÁLOGOS CON MI CONCIENCIA (Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo) de José Ramón Marcos Sánchez

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