GRACIAS

Era tarde, la noche no cerraba del todo,
pero aunque escasas,
todavía dejaba adivinar siluetas…

Estaba sentado en un viejo banco de esos de siempre…
De esos que no permiten que el diseño les derrote,
de esos de casa…

La escena me invitó a la nostalgia,
no supe decir que no
y me abandoné en pensamientos lejanos.

Recordaba un patio, un colegio,
la hora de la merienda, el olor a nada, el olor a todo…

Me sentí vacío, quería retroceder,
estar en el regazo de mi madre, en su vientre.
Volver a vivir para saber vivir,
para recordar mejor,
para añorar lo hecho no lo dejado…

Era triste, pero a la vez bonito…
La gente pasaba por delante de mí,
me sentía como una prolongación de aquel banco.
Nadie sabía de mí, yo no sabía de nadie.

Me fijé en una figura que me pareció reconocer.
Sí, vagamente; pero sabía quién era…

Era una mujer mayor, que siempre
andaba pidiendo limosna por la zona,
que me hacía acelerar el paso
o cambiarme de acera cuando la veía.

A veces la miraba con desdén o soberbia.
Otras simplemente esquivaba la mirada,
bajaba los ojos…

Hoy, ella me miraba a mí, fi jamente, dulcemente,
casi como lo hubiese hecho mi madre.
Extendió sus brazos y con un gesto me ofreció un abrazo…

Aquella mujer me ofrecía más de lo que yo
nunca podría entregar, me ofrecía cariño.

La abracé con toda la fuerza de tantos abrazos perdidos
y balbuceando sólo pude decir… ¡Gracias!

Poema extraído del libro DIÁLOGOS CON MI CONCIENCIA (Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo) de José Ramón Marcos Sánchez

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