XVII

No sé por qué te quiero tanto,
si nunca he querido a nadie o nadie me ha querido,
o a lo mejor no me he dejado querer
como a ti me he entregado.
¡Quiéreme siempre como ahora hasta el final!
Amame como soy con mis defectos y virtudes,
con el desorden de todos los dias,
con la música de rock sinfónico que escucho más y más alta
porque quiero meterme en la piel de cada sonido.
¡Ámame! ! Como el llanto de mi guitarra,
como el verso impregnado de tu rosa piel,
ámame como el árbol a la tierra o como el pajaro al aire,
ámame como la prosa dura de mi verso o el vapor que mata
todas las impurezas.
¡Ámame!
No importa mi raza, por suerte hablamos castellano o español.
Pero, si tuvieramos que hablar, sólo bastarían los gestos
y los besos; nos sobraría el lenguaje.
Sólo saldrían las palabras como aquel instante cuando te conocí.
Arropada y tímida , con mirada fría.
Mi encendida alma te abrazo y te convertí en mía
todos los días , de lunes a domingo
al final del mes y al principio, ¡qué más da!
¡Ámame! Como yo nunca amé.
Te quiero porque eres como yo pensaba
cuando me acercaba a una mujer.
Eres, serás , lo que siempre busqué; el amor más
inocente y puro.
No es el amor más viejo y con experiencia el que marca.
Para mí sólo una simple sonrisa de tu boca,
una nítida mirada de tus ojos, desnuda lo tímido del yo
que se escondía como trofeo y nunca pensé que algun día
me sacarían.

Poema extraído del libro FÁBULAS MILENARIAS de Felipe Alarcón Echenique

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