LA ETERNIDAD DE UN SUEÑO

Y no habrá ningún sonido
el día que tú te mueras.
Será todo silencioso,
como tu gusto en la tierra.

Y la soledad de piedra
serás tú fiel compañera,
eternamente a tu lado
aunque tú ya no la sientas.

Sordo quedó para siempre
el ruido de las cadenas,
el estallar de tu sangre
por latigazos en ella.

El silbar de las serpientes
en los espacios con rejas,
el chillido interminable
de tu pobre mente enferma.

Los éxtasis tenebrosos
de rigidez indomable,
como hierro, que no queman.

Y pasarán unas sombras
por delante de unas velas
para que vean bien claro
tu fría cara de cera.

Y quemarán tus sentidos,
y el polvo de lo sufrido
se elevará a las estrellas
naciendo los resplandores
que alumbrarán las tristezas
iluminando las mentes
oscuras por muchas penas.

Será una lluvia de amor
para la marginación
que ve la luz en tinieblas.

¡Te mereciste vivir!
Te lo negó la miseria
de una soledad vacía...
que no entendió lo que eras.

Un nacer no deseado
sin cariño y con pobreza.

    Poema extraído del libro DOLOR DE UN ALMA BLANCA de Mª Consuelo Franco Gútiez

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