PIEDRA

Aquella, piedra que un día
yo, pisara, sin cuidado,
que, me sirviera de juego
para dar pequeños saltos.
Ya, no está sobre la senda
de mis paseos, tempranos.
Se la llevaron los hombres,
y en polvo la transformaron.
¡Piedra!, amiga de mi infancia
¿a dónde fuiste a parar?
Quizás estés a mi lado
cubriendo mi sepultura,
cuando el reloj de mi vida
ponga fin a su andadura.


    Poema extraído del libro DOLOR DE UN ALMA BLANCA de Mª Consuelo Franco Gútiez


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