LA AZOTEA

Bañada por un sol abotargado,
la azotea de la calle San Miguel
era el asombro de las cigüeñas
de la torre de la iglesia.
El viento la asediaba.
Y también la copla y el azulete
que añadían las vecinas a la ropa,
recién lavada en los lavaderos,
para blanquearla.
Prendimiento de cien instantes mágicos
aguantaba paciente nuestra algarabía
cuando mi primo Manolo, Miguelito y yo
remontábamos la corriente de los escalones
y, sorteando las sábanas tendidas,
nos colábamos en uno de los cuartos
para ver a Andrés
y cazar algunas lagartijas despistadas
que allí se cobijaban...

    Poema extraído del libro LOS QUE NO VOLVIMOS de Inma Arrabal

1 comentario :

Sílice dijo...

No sé cuales son los libros míos que tienes. Si me mandas por correo tu dirección te envío los que te falten. Un beso.