MI MALECÓN

El malecón espera
a que la mar le vea,
a que el viento le toque,
mientras las olas llegan.
El malecón vive esperando
espumas blancas
de arena y sal,
desde la eternidad.
Mi corazón se asoma
al cansado malecón,
cuando te quiere esperar,
aun sabiendo que llegas
de calles oscuras, con humedad,
en la otra parte de la ciudad,
y que hemos quedado en otro lugar.
Mi corazón se asoma,
para que la mar y el viento
le presten cierto
espumas blancas de arena y sal,
para poder perfumar
la otra parte de la ciudad.

Mi malecón espera
a que la mar le vea,
a que el viento le toque,
mientras las olas llegan.

    Poema extraído del libro DE HUMO Y NADA de Blanca Uriarte

◘ Comprar en casa del libro

EL ASEDIO


Me has sitiado el alma y la prudencia
con un cerco tan largo y tan amable
que no me importaría
(te lo juro que no me importaría
perder la vida en este hermoso asedio.

    Poema recogido en el libro 8000 RAZONES PARA LA MEMORIA, escrito por Mila Ramos


◘ Comprar en Ediciones Torremozas

Un tumulto enciende mi cuerpo,
revuelta del deseo que es presente.
Alboroto que rompe el futuro,
en un ahora, en el recuerdo.
Aspiración de una noche encontrada…
El grito en la palabra sacudida
por el mensaje de la piedra arrojada
mediante el impulso incierto de tus ojos.
Tus ojos están escritos en los muros,
cascadas de luces donde tus colores
hablan al viento desde la tierra.
Tú mirada… Tifón que destroza
al horizonte que limita el mundo
con lo lejano de tus párpados.
Te buscare mas allá.
Aquí cerca.
Te buscare entre los botes de humo.
Te buscare donde nuestra rosa de fuego
dispara vida contra los asesinos de sueños.
Oleré tu sudor entre los contenedores quemados,
acariciare tu cuerpo entre las llamas…
Cristales rotos… Gasolina…
De nuestros ritos nacerán puños
que sacudiendo mentiras de sueños ilusorios
conquistarán estimados infiernos.
Te buscare entre los coches cruzados
y nuestro aliento jadeante
será prueba de un encuentro,
de una amorosa y triunfante batalla.
Las sábanas serán barricada
y nuestras sonrisas, violentos gestos placenteros,
escupirán sangre sobre el asfalto.
Te amare en el fuego del que arden las calles.
Te amare como un disparo en el sentido,
explotare con la alegría de nuestras caras,
ya no habrá aburrida tristeza.
Y nada será sino humo de gasolina.
Amare tu mueca entre las piedras.
Amare tu piel entre las continuas derrotas.
Encontrare perderme entre tu cuerpo
y tu sudor será por fin
el preciado destino de mi vida.

    Poema recogido en el libro EL PÁRPADO EN EL FUEGO escrito por José Suñé López

SECUESTRO DE LA MUJER DE ANTONIO

Te voy a beber de un trago,
como una copa de ron;
que voy a echar en la copa
de un son,
prieta, quemada en ti misma,
cintura de mi canción.

Záfate tu chal de espumas
para que torees la rumba;
y si Antonio se disgusta
que se corra por ahí:
¡la mujer de Antonio tiene
que bailar aquí!

Desamárrate, Gabriela.
Muerte
la cáscara verde,
pero no apagues la vela;
tranca
la pájara blanca,
y vengan de dos en dos,
que el bongó
se calentó...

De aquí no te irás, mulata,
ni al mercado ni a tu casa;
aquí molerán tus ancas
la zafra de tu sudor;
repique, pique, repique,
repique, pique, repique,
repique, pique, repique
¡po!

Semillas las de tus ojos
darán sus frutos espesos;
y si viene Antonio luego
que ni en jarana pregunte
cómo es que tú estás aquí...
mulata, mora, morena,
porque el que más toro sea
saldrá caminando así;
el mismo Antonio, si llega,
saldrá caminando así:
todo el que no esté conforme,
saldrá caminando así...
Repique, repique, pique,
repique, repique, po;
¡Prieta, quemada en ti misma,
cintura de mi canción!
    Poesía escrita por Nicolás Guillén

SONETO DE TUS VÍSCERAS

Harto ya de alabar tu piel dorada,
Tus externas y muchas perfecciones,
Canto al jardín azul de tus pulmones
Y a tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada
Al bazo, al páncreas, a los epiplones,
Al doble filtro gris de tus riñones
Y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,
A la linfa que embebe tus tejidos,
Al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
Vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

    Poesía escrita por Baldomero Fernández Moreno

Me reí


Ese día también me reí “bien mucho”.Como el día que estábamos con la maestra, y le contábamos de la señora que fué a los Estados Unidos y regresó diciendo “las cookies”, “Oh, my Gosh”, “cool” y algunas otras palabras en un inglés “ranchero” muy cómico, y presumiendo que “en California se la pasaban 'firmando' película”. Nos reímos a carcajadas, porque a tí te daba risa de la risa que me daba y viceversa, pero la maestra nos observaba muy seria. ¡Y entonces el colmo, cuando nos preguntó qué se nos hacía tan gracioso!

O tanto como el día de la señora del vestido verde, similar a los que usaba la india María, bien arriba de la rodilla, de pliegues. Yo estaba en la puerta un jueves de esos cuando no había mucho qué hacer: todos dentro de las oficinas, nadie en el patio, ni ciudadanos o empleados, hasta los albañiles que aún no terminaban de pintar el barandal habían desaparecido. Surgió de pronto por la entrada principal y preguntó dónde era presidencia. Cuando le indiqué que se encontraba en el primer piso, dijo algo muy raro, ya que la escalera estaba justo enfrente, donde el mural; una escalera de caracol grande de mármol, recién estrenada por la nueva administración, era imposible no notarla. ¿Y por dónde me subo? yo me reí y le contesté: pues por la escalera! y me encogí de hombros. Entonces ella me miró con ojos de extrañeza, e incrédula, con cautela, preguntó de nuevo, casi como hablando con ella misma: ¿Y... no me caigo? volví a reirme, y le aseguré en tono maternal que si se agarraba bien, no se caería. Volvía a mi escritorio, pero algo me detuvo, su mirada, el tono de su voz... regresé a la puerta y la encontré, ahí, justo en la esquina del patio, colgada del andamio de madera que los albañiles estaban usando, su vestido corto como un paraguas abierto, su mano derecha pescada de la madera como si fuera Tarzán de los monos mientras de su codo izquierdo colgaba su bolsa de asas, de ésas de plástico a cuadros blancos y azules en las que vendían la cajeta de San Juan, con la virgen pintada al frente. Sólo alcancé a decirle: ¡No, por ahí no! porque la risa me ahogaba y tuve que irme hasta el fondo de la oficina para reírme a carcajadas...

O como el día en que el otro presidente se cayó de la misma escalera cuando bajaba corriendo con su maletín, y lo vimos a través del cristal de la puerta, cómo se levantaba avergonzado y volteaba hacia todos lados para asegurarse de que nadie lo hubiera visto, mientras nosotras nos reíamos a nuestras anchas amparadas por la soledad del privado.

Así más o menos me reí ése día, y creo que hasta más. Lo vi salir con una mochila en la espalda, y sentí que la sangre se me congelaba. Traté de mirarlo a los ojos, pero él evitó el contacto visual y permaneció indeciso. Y así se quedó, hasta que pregunté despacio, con miedo a escuchar la respuesta, pero aún con esperanza: ¿A dónde vas? “Me voy” dijo solamente, como si nada, como decir voy al cielo y te traeré un puño de estrellas. Yo miré hacia la luna entonces, la luna que resplandecía y se adueñaba de la bóveda celeste, le hacía el amor a la vista de todos, y luego se iba correteando a buscar algún rincón más discreto donde nadie pudiera ver la pasión de su entrega. No pude decir nada, él tampoco lo hizo, sólo se fue, caminó lentamente y se perdió en la oscuridad del anochecer. Y entonces sí, mi cuerpo se dobló y casi caí al piso, me levanté como pude y un aullido de dolor escapó de mi garganta, y luego nada, sólo la angustia, la desesperación; entonces corrí buscando amortiguar el dolor, buscando anestesiar mis sentidos para no percibir esa quebradura en mi garganta, en mi pecho, en mi cabeza, corrí y corrí hasta que ya no pude más, y me dejé caer extenuada al pié de un árbol triste, desnudo. Y ahí, encogida en posición fetal, sin importarme que sólo hubiera terrones secos pues no quedaban rastros de pasto, comencé a reír. Muy suavemente primero, y luego como una tormenta anunciada, cada vez mas fuerte; mis mandíbulas y mi abdomen y mi cuerpo se cimbraron con las carcajadas. Me reí de mí, de él, de la inmortalidad del cangrejo y de la leche en polvo, del dios de dos mil años inventado por los hombres, de la imprescindible Coca-Cola y del cepillo rosa que me peinaba de niña, de los patitos feos que no se convertirán nunca en cisnes y de los vasos de agua medio llenos, de Santa Claus y los Magos, del Principito y de Blanca Nieves y de las Mil y una noches, del mundo que se cree dueño del espacio, y del hombre que se cree dueño del espacio y del mundo...

Me reí tanto, “bien mucho”, mientras las lágrimas caían y mojaban la tierra seca, que, pobre, sólo con eso se conformaba...


2010.

El sueño americano.

-Qué duro trabajo el de ustedes…dije impactada al observar al muchacho que, limpiándose el sudor, seguía sin detenerse metiendo trastes al lavaplatos, donde el agua hirviendo además del calor de la cocina ponía la temperatura ambiente a más de 100 grados fahrenheit. Sus mejillas regordetas estaban enrojecidas, y lanzaba improperios cada vez que alguien entraba con un carro más lleno de platos, cubiertos, tazas, copas…

-Queríamos norte! Me contestó de inmediato. Era la respuesta usual de muchos, en tono de “te friegas” o de “ahora nos aguantamos”. Me quedé pensando por un momento. No todos querían, tal vez fue una mala jugada del destino, de la casualidad. O producto de una mala decisión. ¿Qué importancia tenía ahora? El hecho es que estábamos ahí, yo sintiéndome como pez fuera del agua, ahogándome en un lugar en el que jamás, ni siquiera en algún sueño tormentoso hubiera podido imaginar.

Miré hacia la cocina y se me revolvió el estómago. No podía siquiera ver los platos, mucho menos aguantar el ambiente, el piso de cemento lleno de grasa, los cocineros, lavaplatos y patrones yendo y viniendo en un frenético afán, ahora de limpieza y preparación para el siguiente día. Los otros empleados, en sus clásicas y corrientes blusas blancas con el consabido moño negro al cuello y sus chalecos y mandiles, se apiñaban sentados en las rejillas rojas, verdes y amarillas donde usualmente guardaban las copas. Era el descanso de media hora y comían hambrientos sus platillos, los cuales separaban de la misma fiesta a la que estaban sirviendo. Se me vino a la mente la imagen de los pesebres, donde acomodaban las vacas para darles de comer mientras les exprimían la leche, quizá por el parecido del uniforme. Y también por la pasividad, la resignación que me pareció se asomaba a sus rostros. la aceptación de ser lo que eran, sin más metas que la de terminar esa noche. Y por supuesto, con la “panza” llena…

Esa noche tuve pesadillas. Las vacas, con sonrisas de triunfo y de satisfacción en sus caras, recibían una presea en la que se leía “el sueño americano"...

Cuídate de todos...


Cuídate de todos, hasta de mí, decía. Una y otra vez me lo decía, tratando de hacerme creer que mis amigos no eran buenos. Cuídate de todos, hasta de mí...Un día me pidió un aventón. Y se lo dí, pobrecito, no tenía auto. En el trayecto hablamos de lo que es la química, ese calorcito que se siente en la palma de las manos, que nos recorre el cuerpo como una corriente eléctrica, de los polos opuestos que se atraen como un imán. Hablamos de la diferencia, de cómo lo notas sin que medie una palabra siquiera, una mirada y ya, está ahí, posesionado todo el cuerpo y el alma con esa energía arrolladora. Y de pronto se rompió la magia, llegamos a una esquina, donde me indicó que era el sitio al que iba. Me despedí, y arranqué mi vehículo dando vuelta, pero a media cuadra lo vi caminando detrás. Me detengo, creo que ha olvidado algo. Cuando se apareja le pregunto, pero me responde que no, que es sólo que camina hacia la casa de sus amigos. Me confunde su respuesta, le pregunto que dónde es, que le llevo hasta allá, pero no acepta. Cuídate de todos, hasta de mí... Me desconcierta su actitud, no entiendo qué es lo que sucede. ¿Será que se averguenza de sus amigotes, o sólo que no quiere que sepa a donde va? pero, ¿por qué? no lo sé, y me marcho, ahora con el calor de la indignación en las mejillas y en todo el cuerpo, indignada a pesar de la química y de los sentimientos y de la afinidad, me voy en mi auto, pobrecita, con el corazón ardiendo. No sé si es mi amigo o mi enemigo. ¡Pero sí que duele el atrevimiento! Cuídate de todos...cuando me llama está a la defensiva, casi como si estuviera hablando con algún fantasma de su pasado. Firmemente le aclaro que no permito que nadie me trate de esa manera, y empieza a discutir. Lo escucho con calma, y cuando termina le aseguro que está hablando conmigo, y le pido que cambie el tono de su voz. Y entonces baja la guardia y empieza a hablar como la gente. "Cuídate de todos, hasta de mí", resuena en mi mente. Lo hago, y entonces, por supuesto, no le gusta...


Chicago, IL 2008.

A MI PARTIDA

El día que yo me vaya,
las hojas caerán despacio.
El cielo estará nublado
pero el sol asomará
para decirme un adiós
como si fuera mi hermano.
Y mis huesos serán polvo,
y ese polvo se irá al viento,
y el aire lo llevará
a los campos de mi pueblo.
Y entre las verdes praderas
lavadas por el rocío primaveral,
y la nieve del invierno
descansaré para siempre
junto al sereno correr
de aquel limpio riachuelo,
con aguas tan cristalinas
como mi espíritu eterno.
Y mis ojos, secos y escondidos
se quedarán para siempre
en el abismo de mi mente,
y habré dormido.
El sueño de mis sueños.

    Poema de Mª Consuelo Franco Gútiez recogido en el libro DOLOR DE UN ALMA BLANCA

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CUANDO YO YA ME HAYA IDO

Cuando yo ya me haya ido,
cuando ya no esté en la Tierra,
cuando mi espíritu vague
errante entre la niebla;
no quiero que nadie llore
falsas lágrimas de pena
ni quiero que las beatas
murmuren…¡qué buena era!
no quiero misas ni rezos
que contengan palabras huecas,
ni fotos, ni flores…nada…
nada que adorne la fría piedra.
No quiero que vistan negros lutos,
ya los tuve de pequeña…
y de nada me sirvieron;
cuando partes…no regresas.
Quiero que se me recuerde
pluma en mano…ante un albo papel
escribiendo algún poema,
con la mirada perdida
en una tarde serena.
Quiero que se me recuerde
como una mujer que amó
con pasión…con total entrega,
y nunca causó daño alguno
aunque nadie la creyera.
Quiero que se me recuerde
volando libre…como un ave,
sin ataduras ni rejas;
un alma que buscó incansable
el amor a manos llenas.
Quiero que mi legado sea
una vida de experiencias,
donde tuvo su cuna el dolor
mas también el placer y la belleza.
Cuando los años transcurran,
cuando ya nadie se acuerde
de aquella infeliz mujer
que esperaba temerosa
una eterna primavera…
alguien en algún lugar
encontrará una nimia libreta
y en ella recorrerá
verso a verso…su vida entera.
Quiero al fin que mis cenizas
duerman en aquella tierra
donde una vez fui feliz
…donde vivió mi poeta.
Que el viento haga con ellas
remolinos de quimeras;
corre viento, no te detengas,
concédeme la paz eterna.
Y quien quiera que me busque
en tu orilla Duero…en tu ribera,
en tu dorado paisaje,
en los álamos…en las estrellas.

    Poema extraído del libro A SOLAS CON SELENE de Ana María Olivares Tomás

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ISLAS DESCONOCIDAS EN EL HORIZONTE

ISLAS desconocidas en el horizonte, casi próximas, sombras
que se recortan sobre el mar. El pensamiento las habita de
pronto, las puebla de arenales y barrancos, de palmeras y
vientos que circulan por sendas invisibles, de blancos caseríos,
de caminantes ávidos por playas bajo el sol. Una
sed no saciada, una sed en verdad inagotable es tu nombre,
conciencia. ¡Palmeras, límites de fulgores en el negro roquedo,
brotando en la mañana crepitante, dando sombra a
la cal de las casas, junto al vaso del mar, o en la delicia lábil
de la noche caliente! Armonía del mundo, dame el misterio
último de la isla no hallada.

    Poema extraído del libro LA SOMBRA Y LA APARIENCIA de Andrés Sánchez Robayna

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Si yo no digo que no...



No que no lo hice. Si yo no digo que no. Hasta a veces me pongo piensa y piensa, tanto así que siento que el cerebro se me congela, y lo siento aquí, en el mismo centro de la frente como un pedazo de hielo. Brain freezing, es lo que me dijo la nurse que le llaman. Y es entonces, cuando cierro los ojos que siento todo ese movedero: ¡zum, zum, zum!...hacias los lados, hacia adelante, hacia atrás... ¿te suena? Como cuando estás viendo una movie y haces push al botón del slow motion, un paso adelante, un paso atrás. O como el movimiento de péndulo del reloj que está en mi classroom. Algunas veces ni siquiera puedo dormir, y tú tampoco dormirías, no? Pero no es porque tenga mi conciencia dirty, aunque algunos lo piensan, I know, sino por esto que te estoy contando.

Unos dicen que de tanto pensar te sale humo de los oídos, pero yo nunca he sentido eso. Y sí, sí lo hice, pero fue en un momento en que no pensé nada, imagínate, yo sin pensar. ¿Es difícil, no? Porque siempre desde que me acuerdo me han dicho “tú piensas mucho”, o “don't think too much”, que dizque porque parece que todo el tiempo lo estoy haciendo. Pero yo creo que es más bien por la costumbre que tengo de observar y escuchar todo lo que sucede a mi alrededor. Desde que me acuerdo. Y así, quiet...algunos dicen que soy inteligente, que estoy gifted.

Bueno, la teacher me dijo al principio lo mismo, pero después, cuando se moría por saber de qué estábamos hablando y riéndonos tanto en medio de la clase, me dijo con su tono de cómplice: You talk too much! Y es que era bien good, ésta maestra. De veras. No le importaba que estuviéramos interrumpiendo la clase con nuestras carcajadas; al contrario, quería que le contáramos qué era so funny.

Y pues sí, sí lo hice. Yo sé que si fuera con el father, ése grandotote que tiene el genio tan disparejo y en los sermones de los Sundays acusa a todo el mundo, ése que se exalta por todo y grita que nos vamos a quemar en Hell, I am sure que estaría de acuerdo con todos y me excomulgaría. Una vez lo dejé hablando solo, aunque no me lo creas. Tenía miedo confesarme, además no me gustaba como tenías que hincarte en el confesionario y susurrarle tus “pecados”. Aparte, no me sentía bien por los remordimientos, what a dumb!. And when I told him, su voz de trueno atravesó la delgada pared de madera, y mientras él seguía sin parar con una retahíla de regaños, yo, enfurencida, me levanté sin que se diera cuenta y me fuí hasta el otro lado de la church.

No supe cuánto tiempo siguió su discurso, hasta que maybe el silencio se le hizo sospechoso, y asomó su cabeza sorprendido al no encontrarme tras la ventanilla. He looked around hasta que me encontró. Yo estaba indignada, y me hice la desentendida cuando me hacía señas para que volviera. Aún así, tuve la desfachatez de ir a comulgar, y a pesar de su fama de ogro, no dijo nada y se limitó a darme la hostia.

Y es que no era para tanto. De veras. Fue por eso que me puse angry. Y es que a mí no me gusta que me griten. Nunca. No me importa quién sea, o que tan big sean, no... siento luego luego que mi cara se pone bien red y hot, y pa' pronto les paro el alto. I guess he didn't say a thing porque le tenía miedo a mi daddy.

Pero ésto no digo que no lo hice. Sólo que no creo que sea algo malo, aunque todos piensen lo contrario. Bueno, no todos. Ya sé que tú, que eres my friend,pensarás igual que yo, por eso es que te lo cuento. Y no es que sea funny, tampoco, aunque a veces me da mucha risa recordarlo. Maybe es que soy una rebel, o rebelde, como diría mi mami, y estoy against some things.

Si, ya sé que toda la vida me lo han repetido hasta el cansancio: “Tienes que respetar a los men”.Tienes que hacer lo que ellos digan, servirlos como si fueran reyes, nunca decir No...y never ever contestarles o hacerlos enojar por nada. Pero aunque me lo han dicho miles de veces, no sé qué pasa que no me entra, y cuando me enojo se me olvida todo y reacciono como fiera. Y es que hay unos de veras idiots. Y yo nunca puedo respetar a alguien estúpido, sea hombre o mujer. No tengo la patience para eso. Pero lo que menos puedo soportar, es a los que se quieren pasar de listos...

Ese día todos jugabamos en el room. Y all of a sudden, él estaba ahí, recargado en la puerta, pretending que estaba haciendo algo con un rope. Sentí algo raro, una sensación de peligro que los demás no notaban. Y cuando todos salieron corriendo, él los dejó pasar, pero no a mí. I tried again, y entonces me agarró. My heart empezó a latir con fuerza, PUM PUM PUM, como si quisiera salirse de mi pecho. Me estiré, y se me salió my left shoe. Lo recogí como pude, y le golpeé los brazos con la pesada suela de plataforma, pero sus músculos parecían de iron. Entonces fue que se empezó a reír. Y eso fue lo que me puso más angry, y menos asustada. Y ya no pensé nada, te lo juro. Sólo dejé ir mi pie derecho con rabia, con todas mis fuerzas. Y el patadón dio en el blanco, y lo dejó sofocado y sin aliento...

Everybody saw me salir corriendo, con un shoe en la mano, cojeando. Me preguntaban what happened, what happened?, pero yo me quedé callada. Very quiet. Me senté en el piso para ponerme el zapato, I was shaking y todavía los beats de mi corazón sonaban escandalosamente, hasta pensé que todos podían escucharlos. Pero no podía decir nada, no me creerían. El es un líder, a hero, you know, y siempre lo ponen de ejemplo. Era su palabra contra la mía. Además, I was so scared of him.

Y ahí hubiera quedado todo, si no es porque a los few minutes, él salió tambaleándose y me acusó: Les dijo que yo era una niña “evil”, que lo había golpeado y que merecía ir a Hell por no respetar a los hombres.¡Todos me miraron entonces con una cara!. And I run away, corrí y corrí hasta que llegué a mi casa, me acosté en la cama y me tapé from head to toe. Quería pensar que todo había sido una nightmare, aunque todavía sentía su aliento repugnante en mi nariz, y me dolían los brazos en los que me quedaron algunas marcas rojas. Y la rabia. Y la impotencia...

La voz se corrió y grandes y chicos me ven con reprobación. Hasta daddy le creyó y me puso en ground. Sólo mami me defiende, aunque no le conté nada. Es por eso que I love her so much, porque dice que she knows me, que yo no soy capaz ni de matar una mosca.

Así que sí lo hice. Si yo no digo que no. Sólo que no pienso que sea algo malo. ¿O tú que opinas? ¿Por qué me miras así? ¿Somos friends, no? Tú si me crees, ¿right? Por favor, don't look at me like that...

B. Chávez. Lake County, IL 2007.