El sueño americano.

-Qué duro trabajo el de ustedes…dije impactada al observar al muchacho que, limpiándose el sudor, seguía sin detenerse metiendo trastes al lavaplatos, donde el agua hirviendo además del calor de la cocina ponía la temperatura ambiente a más de 100 grados fahrenheit. Sus mejillas regordetas estaban enrojecidas, y lanzaba improperios cada vez que alguien entraba con un carro más lleno de platos, cubiertos, tazas, copas…

-Queríamos norte! Me contestó de inmediato. Era la respuesta usual de muchos, en tono de “te friegas” o de “ahora nos aguantamos”. Me quedé pensando por un momento. No todos querían, tal vez fue una mala jugada del destino, de la casualidad. O producto de una mala decisión. ¿Qué importancia tenía ahora? El hecho es que estábamos ahí, yo sintiéndome como pez fuera del agua, ahogándome en un lugar en el que jamás, ni siquiera en algún sueño tormentoso hubiera podido imaginar.

Miré hacia la cocina y se me revolvió el estómago. No podía siquiera ver los platos, mucho menos aguantar el ambiente, el piso de cemento lleno de grasa, los cocineros, lavaplatos y patrones yendo y viniendo en un frenético afán, ahora de limpieza y preparación para el siguiente día. Los otros empleados, en sus clásicas y corrientes blusas blancas con el consabido moño negro al cuello y sus chalecos y mandiles, se apiñaban sentados en las rejillas rojas, verdes y amarillas donde usualmente guardaban las copas. Era el descanso de media hora y comían hambrientos sus platillos, los cuales separaban de la misma fiesta a la que estaban sirviendo. Se me vino a la mente la imagen de los pesebres, donde acomodaban las vacas para darles de comer mientras les exprimían la leche, quizá por el parecido del uniforme. Y también por la pasividad, la resignación que me pareció se asomaba a sus rostros. la aceptación de ser lo que eran, sin más metas que la de terminar esa noche. Y por supuesto, con la “panza” llena…

Esa noche tuve pesadillas. Las vacas, con sonrisas de triunfo y de satisfacción en sus caras, recibían una presea en la que se leía “el sueño americano"...

1 comentario :

avril3 dijo...

¡Me ha encantado! Cada día me sorprenden tus historias, tan reales, que me parece vivirlas en primera persona.
La vida nunca es fácil, ni aquí ni allá. ¡Los sueños, sueños son!