A LAS IMÁGENES DE LA MEDITACIÓN

EL sol está en el centro mismo de su metamorfosis, y un rebaño de cabras pasta en la rada de callaos. Piensas entonces, bajo el hervor del mediodía, que el pedregoso sendero que te ha traído a esta playa lejana se inició en realidad hace mucho, en tu infancia, en los pliegues oscuros de tus primeros sueños. Viste, antes de iniciar el camino, al pescador que tensa su cordaje sobre la horizontal del mar echado. Su imagen reflejada sobre la lisa superficie de este mar de septiembre interroga los mundos: no sabrías decir dónde encuentra su ser más realidad, si en el aire o en el agua. Y también las montañas apacibles, y hasta la sombra de las redes. Lo visible se cubre de dobles, de espejeos, de ramificaciones. Oh apariencia, tu cuerpo es engañoso. Te muestras con una realidad que parece anular la destrucción del tiempo. Y ahora, en esta playa que acarician las algas bajo el cielo sin nubes, todo parece alejado de la erosión de las horas, los días y los años. Y nada puede estarlo, reconoces. Armonía del mundo, que la paz de esta hora nos permita escuchar tus sones sosegados.
Que la quietud de este día de septiembre nos lleve poco a poco al lugar de concordia, a la clara unidad de los mundos. Nítidos, en el mediodía, el sol hiriente, las montañas, las sombras de las redes.
Y más allá de toda comprensión, el mar.

    Poema extraído del libro LA SOMBRA Y LA APARIENCIA de Andrés Sánchez Robayna

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