UN NOMBRE EN MI GARGANTA

Un cínife llevaba el telegrama.
Donde la risa muere nace el trigo.
Los ojos de la luna no se cierran
porque la luna en sí no tiene ojos,
el puente sí los tiene sin embargo,
por los ojos del puente niñas lavan.
La noticia se extiende poco a poco.
Sí merece la pena ir a la playa
donde a veces se escucha la sirena,
la sirena del puerto donde el hombre
corta peces que encierra en una lata.
No importa que no existan las sirenas,
las sirenas con senos y con algas.
No importa casi nada si se vive
con una madreselva que te acuna,
con un collar de espinos en la frente,
con una palmatoria en cada mano,
con un escurreplatos en la casa,
con una damajuana en la cocina,
con un nombre adornando la garganta.

    Poema recogido en el libro LOS BRAZOS DESIERTOS , escrito por Gloria Fuertes

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