DÍAS DE VINO Y ROSAS

Conocimos días de vino y rosas.

Luego vinieron otros, reticentes
e indisciplinados, que enturbiaron el vino
y dejaron mustias las hojas rojas
de nuestras atemporales rosas.

Más tarde, agonizantes, se marcharon
nuestros días, a vivir sus lágrimas
en la penumbra del tiempo.

No queda vino, no quedan rosas,
no queda vida, sólo el olvido.

    Poema recogido en el libro DEJA QUE EL SILENCIO HABLE, escrito por Blanca Uriarte


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