SERENIDAD

Y después de tener perdida
lo mismo que un pomar la vida
-hecho ceniza, sin cuajar-,
me han dado esa montaña mágica,
y un río y unas tardes trágicas
como Cristo, con que sangrar.

Los niños cubren mis rodillas;
mirándoles a las mejillas
ahora no rompo a sollozar;
que en mi sueño más deleitoso
yo doy el pecho a un hijo hermoso
sin duda...

Estoy como el que fuera dueño
de toda tierra y todo ensueño
y toda miel;
¡y en estas dos manos mendigas
no he oprimido ni las amigas
sienes de él!

De sol a sol voy por las rutas,
y en el regazo olor a frutas
se me acomoda el recental:
tanto trascienden mis abiertas
entrañas abultadas, haya huertas,
y cuenco tibio de panal!

    Poesía recogida en el libro titulado DOLOR de Gabriela Mistral

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