PASEO DE LA REFORMA


Este fresno tan bien plantado
que ni el rayo ni la tormenta pudieron
estremecer,
que ni el hacha
osó injuriar con su afilado silbido;
este monumento
a la belleza del mundo;
este pródigo
que nos dejó respirar y alabó
los ojos con su estampa
y fue luz
pero también dio sombra y duró
más que nuestras edades y todo.
Éste que parecía eterno
o estable al menos
ha muerto asfixiado
y masacrado con otros mil
por el gas venenoso que echan
los autobuses
en la innoble y letal colonia
penitenciaria
que hasta hace poco llamamos
Ciudad de México.

    Poema extraído del libro TARDE O TEMPRANO (Poemas 1958-2009) de José Emilio Pacheco

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