PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

Yo no abultaba más que un alfeñique
con un montón de arena en los bolsillos
y vivía en un mundo de una calle.
La gente no eran más que cuatro amigos,
el tiempo era una tarde de tormenta
y un problema, una losa de dos kilos.
La verdad, un balón de reglamento,
el miedo era la sombra de un castigo,
la mentira, que el padre no viniera,
lo seguro, una puerta con pestillo.
Los sueños se acababan por la noche
con el sabor de un chicle compartido.
Fue la infancia un lugar, como un juguete,
un territorio sin mal ni beneficio,
quizá un espacio al que arrojar escombros
debería permanecer prohibido.

    poema recogido en el libro PROHIBIDO ARROJAR ESCOMBROS, escrito por Mario Rodríguez García

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