EL TALA

Alguna vez pedí razones
otras a una nube
negué la inteligencia.

Una perdiz
desplegó su vuelo
al husmeo de mi perro
y no fui sensible
no había hambre
ni deseo.

Entre cardos
unas plumas
dejan migas de un festín
persisten
al hálito
como ahora
canto
más allá de la sangre.

El perro movía su cola
con el cuerpo
del ave en la boca
y mi mano
acariciaba el morro.

Sobre el campo
olor a romero
un tala daba sombra
como si la recompensa
fuera digna.

    Poema recogido en el libro ALQUILADO POR VIAJE, escrito por Carlos Martín

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