Una tarde conocí mis lágrimas.
Me había escapado del barrio,
me había saltado la merienda
y perdí la rebeca.
Sabían a culpa,
pero eran dulces.
- Poema de Mario Rodríguez García que se recoge en el libro PROHIBIDO ARROJAR ESCOMBROS
Una tarde conocí mis lágrimas.
Me había escapado del barrio,
me había saltado la merienda
y perdí la rebeca.
Sabían a culpa,
pero eran dulces.














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