PARÉNTESIS

Acompáñenme a entrar en el paréntesi
que alguien abrió cuando parió mi madre
y permanece aún en los otroras
y en los ahoras y en los puede ser
lo llaman vida si no tiene herrumbre
yo manejo el deseo con mis riendas

mientras trato de construir un cielo
en sus nubes los pájaros se esconden
no es posible viajar bajo sus alas
lo mejor es abrir el corazón
y llenar el paréntesis con sueños

los pájaros escapan como amores
y como amores vuelven a encontrarnos
son sencillos como las soledades
y repetidos como los insomnios

busco mis cómplices en la frontera
que media entre tu piel y mi pellejo

me oriento hacia el amor sin heroísmo
sin esperanzas pero con memoria

por ahora el paréntesis prosigue
abierto y taciturno como un túnel.


    Poema de Mario Benedetti que se recoge en el libro BIOGRAFÍA PARA ENCONTRARME

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LA PALABRA

Volverás a la noche primera de los sueños
o tu verso y tu luna escupirán azufre...
Aire sin Norte.
Apuro sin prisa.
Pan sin sal del dolor que traga tu garganta.

Detrás de ti la vida aburrida se oscurece
y tu rostro es mi búsqueda perenne...
Norte sin brujula.
Prisa sin destino.
Amores sin deseo de ritos en las madrugadas.

La palabra es inmensa,
pero, como la nube, pasa,
avanza y retoma.
Es torbellino de esperma,
cuchillo afilado,
serpiente que se enrosca
en círculos concéntricos.

Me muero de nostalgia.

El mar silba mi nombre
y el tuyo se sale de mi boca;
el viento los arrastra por la arena
y los transforma en infinito ...

    Poema de Inmaculada Arrabal que se recoge en el libro AMAYAMAR
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REDOBLABAN YA LAS CAMPANAS

Redoblaban ya las campanas
y ya el llanto de la viuda se calmaba;
el hombre en la muerte se marchaba
a soñarse hierba y polvo hasta los huesos.
Lo llevaban sus hermanos y un amigo,
sus dos hijos le lloraban la pobreza que dejaba.

Vestido de muerte se marchaba
lentamente hacia el olvido;
se perdería aquel hombre bajo tierra
adornado, primero, por las flores
que se contagian de la muerte,
más tarde por la hierba que se siembra en el
olvido.

Redoblaban ya las campanas
y, desde un lado del camino
que llevaba al cementerio,
una lágrima muda por secreta
prometía frescas flores cada día.
Una niña pequeñita,
sin saber que era su padre el que dormía,
al ver el rostro humedecido de su madre
que lloraba al que se iba, preguntaba
“¿Qué te duele, madrecita?”

    Poema de Sebastián Zampatti que se recoge en el libro PRIMEROS POEMAS
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