PRELUDIO

¿Te ofreces por azar al caminante
o eres tú, piedra rota, el principal motivo de su rumbo?
¿En ti habita su nombre y escritura?
¿Eres el ámbito de su propia conciencia
o el vuelo entre sus manos?
¿El silencio y el canto de quien te escucha?

El viajero reconoce en tu forma su antiguo corazón,
su memoria en el liquen amarillo,
su tiempo ya sin tiempo en tu materia,
su noche desgajada de la noche total
en la señal de tu rotura:
desprendimiento de la roca.

Y ahora que escondes, piedra, en otros reinos,
modifica su aspecto mineral,
penetras en la tierra hacia un fondo común
cantas en el vacío y desapareces.

Todo es desolación entre la bruma
que difumina al peregrino en el paisaje
del ser y del no ser,
pero ya oyó su origen en tu centro
y ha mentado tu nombre, piedra rota.

    Poema extraído del libro PIEDRA ROTA de José Ramón Ripoll

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MEMORIA DEL LUTO

¿Cómo les afectará, sus alveolos,
la nube tóxica que parece viciar
indefectiblemente sus aspiraciones?
Alto, falso arranque.
¡Dejémonos de florituras!
Me refiero a cómo les influirá
a nuestros jóvenes
esta crisis en la que todo vale:
la desafección, el empeño
para que caigamos en un profundo desaliento.
¿Sobrevivirán más fuertes,
igual que los héroes mitológicos
o les quedará una mancha crónica
de tristeza mineral?
¿Se recordarán como cuando aquella
otra manta fosca
parecía extenderse para siempre sobre nosotros?
Acaso dirán: «Disculpen las molestias,
pero, a pesar de todo
¡de la leche en polvo y el queso rancio
y aceite de hígado de bacalao,
del colegio de curas de misa y rosario
en el mes de las flores y la confirmación,
del latín y los logaritmos neperianos,
de la mili y la guardia civil
y los grises y la desapercibida,
de los gibralarespañol y el sindicato vertical
y de los cursos prematrimoniales
-en el tiempo del Caudillo,
hijo de un obrero de izquierdas-,
mi infancia de cromos y canicas y un balón,
de escondites y bisontes,
de a la una anda la mula y a las dos anda el reloj…
un cachorro, un jabato, ¡un trueno!),
Lo siento, fue feliz».
¿Quién lo sabe?
La memoria del luto
tiene el oráculo propio de cada época.

    Poema de Antonio García que se recoge en el libro PAPEL DE LIAR
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LA PARED

NO hay lugares vacíos
si se posan en ellos unos ojos;
los puebla la mirada
con las propias historias de quien mira.
Lienzos del cielo, páramos
del mar con sol o luna,
cuaderno inmaculado de la nieve:
me adentro en sus espacios y descubro
que hablan de mí, y me saben, me revelan.
En lo lleno, el espíritu se ofusca
de color, de relieves;
en lo más despojado exulta y canta,
de sí mismo se nutre.
Me he sentado de nuevo ante este muro
blanco, desnudo, limpio, de mi cuarto.
No es simple y plana superficie, no
es extensión sin nada.
Vago por su blancura,
y poco a poco acude el movimiento
a su delimitada infinitud:
imágenes de un todo
que conozco o que sueño.
Miro despacio, escucho largamente.
Cumbres y abismos, valles,
praderas arrasadas por la luz.
Contemplo un ancho río poderoso.
Como juncos que el viento agita o mece
se mueven las palabras. Oigo el mundo.
Se oye pasar la vida.

    Poema de Eloy Sánchez Rosillo que se recoge libro ANTES DEL NOMBRE
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LOS NOMBRES

Albor. El horizonte
Entreabre sus pestañas
Y empieza a ver. ¿Qué? Nombres.
Están sobre la pátina

De las cosas. La rosa
Se llama todavía
Hoy rosa, y la memoria
De su tránsito, prisa,

Prisa de vivir más.
A largo amor nos alce
Esa pujanza agraz
Del Instante, tan ágil

Que en llegando a su meta
Corre a imponer Después.
Alerta, alerta, alerta,
Yo seré, yo seré.

¿Y las rosas? Pestañas
Cerradas: horizonte
Final. ¿Acaso nada?
Pero quedan los nombres.

    Poema de Jorge Guillén que se recoge libro AIRE NUESTRO
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SENTIRSE DESOLADO

Sentirse desolado
puede ser un consuelo
que debes rechazar.
Cáliz que, si lo apuras,
alumbrará las sombras
profundas que hay en ti.

Desolación, llamada
a abrir nuevos espacios
más profundos,
donde has de rechazar
también todo consuelo.

    Poema extraído del libro SIN RUIDO de José Corredor-Matheos

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