MEMORIA DEL LUTO

¿Cómo les afectará, sus alveolos,
la nube tóxica que parece viciar
indefectiblemente sus aspiraciones?
Alto, falso arranque.
¡Dejémonos de florituras!
Me refiero a cómo les influirá
a nuestros jóvenes
esta crisis en la que todo vale:
la desafección, el empeño
para que caigamos en un profundo desaliento.
¿Sobrevivirán más fuertes,
igual que los héroes mitológicos
o les quedará una mancha crónica
de tristeza mineral?
¿Se recordarán como cuando aquella
otra manta fosca
parecía extenderse para siempre sobre nosotros?
Acaso dirán: «Disculpen las molestias,
pero, a pesar de todo
¡de la leche en polvo y el queso rancio
y aceite de hígado de bacalao,
del colegio de curas de misa y rosario
en el mes de las flores y la confirmación,
del latín y los logaritmos neperianos,
de la mili y la guardia civil
y los grises y la desapercibida,
de los gibralarespañol y el sindicato vertical
y de los cursos prematrimoniales
-en el tiempo del Caudillo,
hijo de un obrero de izquierdas-,
mi infancia de cromos y canicas y un balón,
de escondites y bisontes,
de a la una anda la mula y a las dos anda el reloj…
un cachorro, un jabato, ¡un trueno!),
Lo siento, fue feliz».
¿Quién lo sabe?
La memoria del luto
tiene el oráculo propio de cada época.

    Poema de Antonio García que se recoge en el libro PAPEL DE LIAR
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