ANTES DE PARTIR

Te quiero y te querré
cuando la mañana empieza
y cuando la tarde
empiece a oscurecer.

Te quiero y te querré
aún cuando escuche
explosiones de guerra,
aún cuando la luna
se oscurezca en el cielo.

Viviré por ti
cien días más.

Viviré por ti
por tu sonrisa brisa,
por tu ternura que cura,
por tus ojos turmalinas.

Te quiero y te querré
en otoños invernales,
en las orillas de los valles,
en la oscuridad de mi cuarto.

Aún cuando mi voz,
se detenga en el cielo,
aún cuando mis pasos
se quiebren al andar.

Viviré por ti
cien días más.
Poema de David Alvarez Vásquez que se recoge en el libro POEMAS EN UN ATARDECER

LEJOS DE TI

No hace falta que te nombre
para que mis ojos delaten
que es en ti en quien pienso.

Quienes te han recorrido
o, al menos, sentido alguna vez
saben de ese brillo
que provoca tu esencia de mujer.

No sé si imaginas
cuántas noches te he llorado
por sentir que era ruido
todo lo que no estaba manchado
con tu acento.
Por recordarte tan voluble y desmedida:
pudiendo ser tan fría
como la ruptura del amor adolescente
y a la vez
tan ardiente
como la lengua que busca tu caricia
en el beso que precede
al desamor.

Hace tanto que me separé de tu tierno abrazo
que comprendo el desconcierto
que provoco
en los incrédulos que no han bebido
de tus labios
las palabras que yo añoro
cada noche.
Y es, solo,
cuando me veo refl ejada
en tus aguas,
cuando me adentro
en tus entrañas
y acaricio la vega de tu espalda,
solo cuando en mi mano
nievas
en la cumbre del deseo
y del ocaso
confundo sus colores
con la piedra roja del legado nazarí
cuando me sé enamorada de mi origen
y entiendo el nombre de esa calle
de los que no viven allí.
Esos tristes, pobres míos,
que han debido de partir
de tu regazo
y escribirte los poemas
que ya no pueden grabarte
con sus días y sus noches
de la mano del amor
por las calles de tu cuerpo.

Y, aun así,
sonrío cuando como del fruto
de la tierra
que te nombra
por estar cerca de ti.
Por saborearte un solo instante
que hago eterno
en mis recuerdos
al traerlos una y otra vez al corazón.

Y pienso una vez más en el reencuentro.
Cuando tu sangre sea el vino
de mi copa
y te haga mía sin demora
como los amantes
que roban
la arena del reloj
de esta condena del vivir.
Y te diré mirándote a los ojos:
qué difícil es mirarte desde lejos,
mi Granada,
qué difícil
es estar sin ti.
Poema de Victoria Ash que se recoge en el libro BESOS DE NADIE