MALDITOS DOMINGOS

Malditos domingos
—digo sosteniendo la cerveza en la mano
y la ausencia en el corazón–.
Malditos domingos.
Y vuelvo a escuchar esa maldita canción.

Nunca entenderé por qué
escuchamos una y otra vez a esa persona en notas.
Por qué, si esa música es ella,
y «ella» ya no forma «nosotras»
le vuelvo a dar al play...

O sí lo sé.

Porque así estoy más cerca de ella.
Y de lo que fuimos.
Porque la música
—aunque muera—
también empieza en domingo.

Y, de repente,
suena otra vida
y creo que comienza otra canción.
Y tengo ganas de todo.
Hasta del olvido.

Dejo atrás mi cuerpo inerte:
allí en el sofá no hace nada.
Con las alas pegadas al respaldo
no se puede soñar.

Y ya solo tengo claras un par de cosas:
que los domingos no tienen la culpa
de que eche de menos
a una aprendiz de musa
y que si me matas tú
siempre me podrá
salvar la música.


Poema de Victoria Ash que se recoge en el libro BESOS DE NADIE

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